Artículo

Procesos migratorios y transiciones vitales de un grupo de jóvenes universitarios extranjeros en Barcelona, España

Migration processes and life transitions among foreign young PhD students in Barcelona, Spain

Cristóbal Mendoza1*          

Anna Ortiz Guitart2**

 

1Universidad Autónoma Metropolitana unidad Iztapalapa

2Universidad Autónoma de Barcelona

 

Autor para correspondencia: correo-e:   cmp@xanum.uam.mx

 

Recibido: 8 de enero de 2014.

Reenviado: 1 de septiembre de 2014.

Aceptado: 13 de octubre de 2014.

 

Resumen:

La literatura sobre “migrantes en el medio” es un tema emergente en el campo de las migraciones internacionales. Estos migrantes, en general, cuentan con niveles de educación formal medios o altos y ocupan posiciones intermedias en el mercado laboral debido a su edad o escasa experiencia laboral. El artículo se basa en 21 entrevistas semiestructuradas aplicadas a estudiantes extranjeros de doctorado en universidades de Barcelona, analiza sus motivos para emigrar, así como sus trayectorias laborales y vitales. La investigación explora el proceso complejo de emancipación del hogar familiar con relación a las prácticas y ex- periencias espaciales cotidianas.

 

Palabras clave: Migración de estudiantes, migrantes en el medio, trayectorias migratorias, transiciones vitales, Barcelona.

 

Abstract:

Literature on “migrants in the middle” is an emerging topic in the field of the international migration studies. These migrants generally have medium to high levels of formal education and occupy intermediate job positions in labour markets, because of their age and/or their relatively scarce labour experience. The paper is based on 21 semi-structured interviews with foreign PhD students in Barcelona universities. It focuses on their motivations for emigration, and their labour and life trajectories in the light of future expectations. The paper explores the complex process of leaving home in relation with their everyday spatial practices and experiences.

 

Keywords: Student migration, migrants in the middle, migration trajectories, life transitions, Barcelona.

 

 

Introducción

 

 

La literatura académica argumenta, desde hace varias décadas, el momento de hipermovilidad en que se encuentran las sociedades contemporáneas, aunque cabría recordar que, ya a inicios de los setenta, (Zelinsky, 1971) preveía, en la última fase de su modelo, que el patrón dominante de migración sería una gran movilidad. La mayoría de estudios sobre movilidad relacionan el aumento de los desplazamientos con la globalización y la integración económica mundial (Castells, 1996; Castles y Davidson, 2000; Smith, 2001). Es evidente, no obstante, que muchos de los desplazamientos que se realizan en este mundo, cada vez más integrado, responden a razones que no se podrían calificar, al menos de forma automática, como “económicas”; por ejemplo, el turismo, los procesos de reagrupación familiar o los desplazamientos por estudio.

La facilidad del contacto y de comunicación entre diferentes puntos del planeta, por otro lado, ha propiciado el replanteamiento de la migración como un proceso unidireccional, entre un punto de salida y otro de llegada, que implica automáticamente un proceso de adaptación-integración-asimilación en una sociedad de destino. En esta línea, desde la sociología británica se ha propuesto recientemente el paradigma de las “nuevas movilidades” que representa un interesante giro conceptual y teórico, ya que arroja dudas sobre los supuestos temporales que están presentes en los estudios de migración, al mismo tiempo que supera la concepción de la migración en torno a identidades o territorios, basados en definiciones euclidianas, fijas espacialmente (Hannam et al., 2006; Urry, 2007), en un momento en que los lugares están vinculados a otros a través de una serie de redes estrechas que superan estrictos límites geográficos (Sheller y Urry, 2006).

Conceptualmente, el paradigma de las nuevas movilidades plantea una reconsideración teórica que abarca la complejidad de diferentes tipos de movilidad y migración. De hecho, dicho paradigma plantea que el desplazamiento de las poblaciones es de tal intensidad que incluso afecta la propia estructura de las sociedades contemporáneas que ya no pueden definirse como inamovibles o estáticas, sino afectadas por el propio mo- vimiento de la población.

A pesar del reconocimiento de nuevas formas de movilidad en el mundo contemporáneo, las investigaciones empíricas que abordan colectivos concretos, sus problemáticas y sus pautas de inserción social son escasas (Favell, 2001). Este proyecto propone estudiar un colectivo de jóvenes que están realizando estudios de doctorado en universidades catalanas y que ejemplifican la diversidad creciente de los patrones contempo- ráneos de migración internacional, pues, a pesar de un aumento relevante en el número de estudiantes internacionales en el mundo, este colectivo es una de las categorías de migrantes menos estudiadas (King y Ruiz-Gelices, 2003; King y Raghuram, 2013), aunque en los últimos diez años se ha dado un incremento en la literatura sobre movilidad internacional de estudiantes (Solimano, 2008; Findlay et al., 2012; Raghuram, 2013).

Esta literatura, que es un reflejo del interés creciente en el estudio de las relaciones complejas entre globalización, educación y sociedad (Edwards y Usher, 2008; Gürüz, 2008; Brooks y Waters, 2010), pone el énfasis en las características individuales, como las condiciones socioecnómicas familiares, la competencia lingüística o el sexo para entender los patrones de movilidad de los estudiantes internacionales (Baláz y Williams, 2004; Dreher y Putvaara, 2005).

De esta manera, los estudiantes constituyen un grupo de migrantes que se desplaza, en principio, por periodos fijos, cuyo principal motivo de migración es la mejora de su capital humano (Baláz y Williams, 2004), aunque eventualmente puedan establecerse como inmigrantes (Hazen y Alberts, 2006). En principio, son migrantes esperados y deseados porque traen consigo habilidades y conocimientos que desarrollan en los países de destino (Raghuram, 2013) y pueden establecer interrelaciones socio-culturales (Waters y Brooks, 2011), al margen de la entrada de dinero que aporta este colectivo a las arcas de las universidades y de las ciudades de destino, a partir, por ejemplo, de su consumo e impuestos (Conradson y Latham, 2005; Holdsworth, 2009).

Su perfil de movilidad, intuimos, es complejo, en el sentido de que estas personas se han desplazado a Cataluña por un periodo amplio, de más de un año, durante el cual realizarán unos estudios considerados cruciales en su desarrollo profesional, tan es así, que la finalización exitosa de estos estudios está asociada a un ascenso profesional en el mundo universitario (y cada vez más valorado por las empresas privadas). Proba- blemente debido a que su migración está acotada, en principio, a un periodo de su vida, la vinculación con el país de origen puede no sufrir una ruptura traumática. Es más, es previsible que la relación y los vínculos con el país de origen sean fluidos y la movilidad periódica.

Este colectivo de migrantes forma parte de lo que la literatura anglosajona define como “migrants on the middle”. Estos migrantes, según (Wiles, 2008) no se encuentran en la elite, ni son migrantes pobres, sino que se sitúan en el medio. En estas categorías, encontramos a personal de las empresas en periodo de formación, estudiantes, jubilados o aventureros, cuyas características fundamentales son, que cuentan con niveles altos de educación, pertenecen a la clase media en sus lugares de origen y ocupan posiciones intermedias en el mercado laboral, en muchas ocasiones, debido a su edad temprana o su relativa poca experiencia laboral (Conradson y Latham, 2005; Mendoza y Ortiz-Guitart, 2006; Favell, 2008; Wiles, 2008; Ley-Cervantes, 2012).

Debido a su nivel de educación, su inserción laboral y su estatus social en sus países de origen, el estudio de estos “migrantes en el medio” es minoritario en la literatura, ya que no encajan ni en la migración no calificada, que generalmente tiene bajos niveles de educación formal, ni en la de los altamente calificados, dado que los “migrantes en el medio” no siempre son laborales y, cuando se produce una inserción laboral, no se da en la cúspide del mercado laboral, a diferencia de lo que ocurre con los migrantes de alta calificación.

Debido a que este colectivo no corresponde ni a los migrantes más desfavorecidos, ni a la elite económica global en la que generalmente se centra la literatura de los altamente calificados, los “migrantes en el medio” se mueven más allá de la pura racionalidad económica y buscan otros tipos de capital social o cultural que eventualmente pueden ayudarlos a mejorar su posición laboral o social en el futuro (Scott, 2006). Por su posición intermedia en la escala social, este tipo de migrantes pueden desarrollar una variedad de estrategias adaptativas en los países de origen, que los sitúan en un espacio social y laboral, teóricamente no ocupado por los migrantes económicos y las elites (Ley-Cervantes, 2012).

Este estudio se centra en un grupo de estudiantes extranjeros de doctorado en universidades catalanas que constituyen un colectivo que se ubica de forma clara en estos “migrantes en el medio”. Específicamente, los ejes centrales de este análisis giran en torno a las motivaciones y expectativas de movilidad de estos jóvenes, sus transiciones laborales y personales, la concepción de la migración como un paso decisivo para consolidar una apuesta profesional determinada y el papel de la ciudad de Barcelona como lugar de atracción de estas migraciones. En concreto, respecto a este último punto, analizamos el uso y apropiación del territorio y el espacio, en el marco de una migración temporal.

El hecho de que estas migraciones sean consideradas temporales, en momentos vitales que, en muchos casos, corresponden a procesos formativos, implica potencialidades y restricciones diferenciadas a los de su lugar de origen, de tal forma que las cotidianidades de estos “migrantes” pueden verse liberadas en un territorio nuevo “de transición”, el cual puede permitir relaciones sociales, usos del tiempo y del espacio “alterna- tivos”, aunque también restricciones inherentes a un nuevo espacio urbano y social, que puede ser ajeno. Con algunas excepciones (Conradson y Latham, 2005; Wiles, 2008), este último aspecto que se quiere abordar en el artículo ha sido, por último, poco explorado en los estudios de migración internacional, que han ignorado, en gran medida, los aspectos cotidianos y geográficos que construyen las comunidades migrantes negociadas en más de un Estado-nación.

 

 

Metodología

 

La metodología de la investigación es cualitativa. Se optó por la entrevista semiestructurada como el método más adecuado para explorar la complejidad de las subjetividades de los jóvenes doctorandos, así como sus experiencias migratorias y vida cotidiana en Barcelona. En total, se entrevistaron a 21 personas (12 mujeres y nueve hombres) entre finales de 2012 y principios de 2013. Las entrevistas se llevaron a cabo a partir de un guión y los contactos se establecieron a partir de la técnica de la bola de nieve. El sexo, la edad, el tiempo de residencia en Barcelona y la nacionalidad fueron las variables básicas establecidas para la selección de las personas entrevistadas, aunque se intentó ampliar al máximo la tipología de los perfiles humanos para recoger opiniones y experiencias de personas con diferentes situaciones personales.

Las entrevistas, que duraron un promedio de una hora, se estructuraron a partir de tres ejes temáticos (académico/laboral, social y geográfico), lo cual permitió profundizar en cuestiones tan diversas como las motivaciones para decidir estudiar y residir en Barcelona, las opiniones sobre el programa de estudios de doctorado, las transiciones laborales y personales, las experiencias cotidianas en la ciudad, la vinculación con el país de origen y los planes de futuro. Finalmente, se pidió a los entrevistados que dibujaran un mapa mental de Barcelona y se solicitaron fotografías, tanto de su lugar de origen como de Barcelona, con el fin de analizar su experiencia vivida, la apropiación personal del espacio y la memoria individual.

El colectivo analizado es muy homogéneo, lógicamente, en cuanto a niveles formativos, y el abanico de edades abarca desde los 25 hasta los 35 años. El tiempo de residencia también está muy acotado, ya que se entrevistaron estudiantes que, al menos hubieran residido en la ciudad un año y que estuvieran realizando estudios de doctorado en el momento de la entrevista, aunque su llegada a la ciudad se podía haber debido a otros factores (por ejemplo, estudiar un máster). Las personas entrevistadas fueron informadas del objetivo de la investigación y se les aseguró que los datos se tratarían de forma confidencial. Por ello, en este artículo siempre se usan pseudónimos y no se menciona la universidad catalana donde se desarrollan los estudios de doctorado.

En el cuadro 1 se presenta el perfil de las 21 personas entrevistadas: 12 mujeres (seis latinoamericanas y seis europeas) y nueve hombres (siete latinoamericanos y dos europeos), con edades comprendidas entre los 25 y los 35 años. De este total, 18 de 21 tienen pareja en el momento de la entrevista, resaltando que nueve de ellas tienen parejas de distinta nacionalidad a la suya. Otro patrón homogéneo: todas comparten piso, ya sea con la pareja o con amigos(as) o conocidos(as), y llevan un promedio de tres años y medio residiendo en Barcelona.

 

Para muchos de estos jóvenes no es la primera experiencia migratoria fuera de su país de origen: 11 personas habían vivido fuera previamente (desde un mes hasta seis años), mayoritariamente por motivo de estudios. Sobre sus perspectivas de futuro, buena parte de los latinoamericanos(as) quieren regresar a su país de origen, ya sea porque tienen la obligación de hacerlo debido a que sus becas doctorales están financiadas por los gobiernos de dichos países, o porque saben que en América Latina será mucho más fácil encontrar trabajo de su campo de estudio en estos momentos de crisis económica en España. La mayoría de los europeos(as) entrevistados, por su parte, expresan su deseo de continuar viviendo más tiempo en el extranjero y pedir becas postdoctorales para ampliar estudios en cualquier país del mundo.

La muestra usada para este proyecto fue no probabilística. A pesar de ser la muestra pequeña, y debido a las características relativamente homogéneas del grupo estudiado, consideramos que, con el número de entrevistados, se alcanzó un nivel de saturación; esto es, las respuestas se repetían y no emergían nuevos aspectos en torno a las cuestiones abordadas (Creswell, 1998; Crouch y Mckenzie, 2006). No obstante, la muestra no representativa usada para este proyecto ha intentado cubrir, en un número similar, tanto a hombres como mujeres, así como al colectivo europeo como al latinoamericano por igual.

Dado el número de entrevistas, este artículo no pretende alcanzar conclusiones generales, sino apuntar problemáticas y tendencias con respecto a las experiencias migratorias laborales y personales del colectivo estudiado. En cuanto a las técnicas específicas, se realizó un análisis del contenido de las entrevistas (content analysis) con el programa Atlas-Ti, lo cual implicó la codificación abierta de las entrevistas, la creación de categorías de análisis y, a partir de ello, la abstracción de conclusiones generales (Weber, 1990). Este método es considerado el más adecuado para el análisis de fenómenos complejos (Elo y Kyngäs, 2008).

Una vez definida la metodología, el artículo se centra en la presentación de los principales resultados de la investigación. El análisis es biográfico con un enfoque longitudinal. En primer lugar, se abordan las razones por las cuales este colectivo decidió en su momento migrar a Barcelona. Posteriormente, nos centramos en el momento actual y abordamos: la percepción que tienen los jóvenes de la etapa vital que están viviendo y sus cotidianidades en la ciudad de Barcelona. A continuación, en un cuarto apartado, se plantean los proyectos de futuro de este colectivo. Por último, se exponen las reflexiones finales.

 

1.Llegada a Barcelona: ¿Migración por estudios?

 

A diferencia de otros colectivos de “migrantes en el medio” (como los cuadros medios de las corporaciones transnacionales; véase, por ejemplo, Peixoto, 2001; Mendoza y Ortiz-Guitart, 2006; Millar y Salt, 2008), pero de forma parecida a lo observado en la investigación centrada en jóvenes universitarios neozelandeses que deciden residir temporalmente en Londres (Conradson y Latham, 2005), el grupo de estudiantes de doctorado muestra motivaciones de migración muy dispares. Contrariamente a lo que se pudiera pensar, sólo una minoría, y particularmente los europeos(as), tiene trazada una línea académica clara, enmarcándose el doctorado en una universidad catalana dentro de un proyecto académico con unos contornos bien definidos. Para los latinoamericanos(as), el doctorado fue, más bien, una opción con la que se encontraron, por ejemplo después de haber abandonado los estudios por un tiempo, y responde más a un deseo de cambio de vida, que a la voluntad de profundizar en su carrera académica, al menos en un primer momento. Una vez tomada la decisión, no obstante, el doctorado parece encauzar a la mayoría de los entrevistados hacia la carrera académica, aunque algunos pocos mencionan otras posibilidades laborales a futuro.

El caso de una joven mexicana, Lulú, es un claro ejemplo de ello. Antes de venir a Barcelona estuvo trabajando en una ong de derechos humanos que contribuyó a crear en México, pero, debido a problemas en el trabajo, decidió dar un giro a su vida y realizar estudios de posgrado.

Monté una ong en Xalapa, Veracruz, con un amigo… Acabamos mal él y yo. Nos peleamos. Me frustró mucho, porque era como un proyecto de vida. Decíamos que era como un hijo, porque nos costó conseguir todo… No encontraba como salir de ahí dignamente, y creí que una buena opción era hacer un posgrado. Encontré el doctorado en filosofía del derecho (Lulú, 32 años, México).

En este caso, como en otros, la entrevistada se siente limitada por la experiencia laboral en su lugar de origen, y ve en el doctorado como una salida interesante para su futuro. Lulú quizá sea un caso extremo, dado que prácticamente en un mes deja el trabajo y compra un billete de avión a Barcelona. Entra como turista a España, sin beca, y busca el contacto de un antiguo conocido con el que mantuvo una relación esporádica anteriormente (“lo llamé desde el aeropuerto de Barcelona”). Este tipo de casualidades, que podrían parecer meras improvisaciones desde una perspectiva racional, son, en realidad, estrategias personales; una forma de entender tanto la vida profesional como la personal.

Otra joven argentina, Paola, al igual que Lulú, explica su llegada a Barcelona desde su país, como fruto de un cúmulo de coincidencias, pero también relacionado con un punto de quiebra o ruptura, con su vida profesional en un bufete de abogados, y personal, con su pareja de años.

 

Fue muy bestia. Yo no había cruzado nunca el charco y además no tenía ninguna persona de referencia. No conocía a nadie… El máster empezaba un lunes y yo llegué un viernes… Yo calculo que era un momento en que yo estaba muy presionada en Mendoza [Argentina], laboralmente, en cuanto a militancia, relaciones personales y tal. Yo quería salir… [D]ejé a mi compañero que me tenía hasta acá [harta]. En el bufete, empezaba a irme bien. Por eso mis colegas de allá creen que no dejo de arruinar mi vida, porque cuando algo empieza a acomodar, como que me voy… Pero yo me sentía agobiada (Paola, 34 años, Argentina).

 

Estaríamos ante carreras académicas dilatadas por cuestiones laborales, pero sin una vocación clara desde el inicio. La persona se “encuentra” con unos estudios de posgrado y decide emprenderlos teniendo en cuenta otras cuestiones personales y profesionales. En cambio, para otros, la carrera académica está clara como opción profesional, aunque también se aplaza la decisión de estudiar un doctorado por motivos económicos. Esta espera se traduce en una inserción laboral temprana y acotada en el tiempo. Es el caso de dos jóvenes colombianos que trabajan a la espera de una beca para estudiar el doctorado: uno en un call center (tras acabar un máster en Suecia) y otro como operario en la construcción.

Este patrón, de dilación de la carrera académica, que es mayoritario entre los entrevistados(as) latinoamericanos(as), se da también para algunos europeos(as). Como es el caso de Elena, que llegó a Barcelona siguiendo a su novio catalán (se conocieron en Italia) y se vio obligada a adaptar sus estudios universitarios en la universidad escogida. Sin embargo, el resto de europeas y europeos entrevistados siguen un patrón muy definido. Durante sus estudios de grado o posgrado en su país de origen solicitan la beca Erasmus o Leonardo da Vinci (programa de educación y formación de la Unión Europea, respectivamente) para estudiar y trabajar en una universidad de Barcelona y, por diversos motivos, principalmente la satisfacción con la experiencia y la oportunidad de solicitar (y obtener) una beca de doctorado (del Ministerio de Educación o de la Generalitat de Catalunya), deciden quedarse en Cataluña.

Entre los europeos(as) entrevistados, por tanto, se encuentran las pocas trayectorias académicas “puras”, sin inserción laboral previa, o con inserciones limitadas a prácticas profesionales. Pero, incluso en el caso de estas trayectorias, como la de Marie (una estudiante franco-canadiense, que decidió estudiar relaciones internacionales en un máster compartido entre una universidad de París y otra de Londres, y que actualmente realiza el doctorado en Barcelona), el hecho de escoger una universidad catalana no responde tanto a la calidad de la misma, sino a decisiones relacionadas con el deseo de vivir en Barcelona; una ciudad que se siente cosmopolita, pero al mismo tiempo apegada a la tradición y con dinámicas de barrio o vecinales muy marcadas.

En definitiva, los motivos que nuestro grupo de entrevistados(as) consideran para emprender una migración son básicamente dos. Uno sería más académico y profesional: el interés por continuar estudiando y especializarse en un ámbito del conocimiento concreto en una universidad (situada además en una ciudad imaginada como muy atractiva, como veremos más adelante) que cumple con sus expectativas, desde un punto de vista formativo, ya que consideran que un mayor grado de especialización comporta un mayor reconocimiento y oportunidad para la promoción laboral. El otro motivo, relacionado con el anterior, sería de carácter más personal: el reto de vivir solos(as) en otro país (a excepción de dos jóvenes chilenos y un ecuatoriano que llegan casados) y desarrollar una transición hacia la vida adulta. Este último aspecto se aborda en el apartado siguiente.

 

 

2.El proceso de aprendizaje: tiempos y espacios de transición vital

 

 

Dejar el hogar es un momento clave en el proceso de transición de las personas jóvenes hacia la independencia y la vida adulta, aunque es complejo, puede ser definitivo o variar su duración dependiendo de factores como la mayor o menor durabilidad y estabilidad del trabajo remunerado o del tiempo transcurrido en un hogar de transición compartido con amigos o compañeros de estudio o trabajo (Hopkins, 2010). Una persona adulta asume, en principio, la responsabilidad de sus acciones, de tomar decisiones autónomas y ser independiente económicamente. En el mundo actual, la emancipación del hogar familiar y la obtención de un salario son momentos clave en la consecución de la autonomía y la autoestima personal, aunque la precariedad en el trabajo dificulte la transición hacia un nuevo hogar.

Esta transición, en el caso de las personas migrantes, implica la adaptación a un nuevo país y a una nueva realidad social, así como la construcción de nuevos sentidos de pertenencia. Como señala Ley-Cervantes (2012), los sentimientos de pertenencia, incluyendo aquellos relacionados con la construcción de un nuevo hogar en un país, en principio, extranjero, no son sólo experimentados a través de lo fijo y lo estable, sino que también pueden alcanzarse en condiciones de movilidad y temporalidad.

Los sentidos de pertenencia se construyen, en el caso de los migrantes cualificados, a través de múltiples experiencias cotidianas, rutinas y hábitos desarrollados en el nuevo lugar habitado (Ortiz-Guitart y Mendoza, 2008).

De forma significativa, una buena parte de las personas entrevistadas se emancipa del hogar familiar en el momento que migran a Barcelona para realizar estudios de posgrado. En general, esta emancipación se vive de forma muy positiva, ya que se considera un periodo de desarrollo vital y de crecimiento personal, así como un proceso imprescindible para llegar a la edad adulta (Holdsworth y Morgan, 2005; Holdsworth, 2009). Cabe destacar que más mujeres que hombres expresan abiertamente lo que significó para ellas separarse de sus familias y empezar una nueva vida lejos del hogar. La independencia económica aparece, sin lugar a dudas, como un factor importante en el proceso de emancipación, pero otros aspectos como administrar sus propios recursos económicos, compartir piso con otras personas o responsabilizarse de los quehaceres domésticos, resultan también determinantes a la hora de explicar el proceso de emancipación. Las mujeres jóvenes expresan mucho más abiertamente que los hombres las emociones relacionadas con esta etapa de transición, donde a pesar de continuar estudiando (como en la infancia y adolescencia) ya no lo hacen con la ayuda económica de los padres (con alguna excepción y en ocasiones puntuales), sino con financiación propia (a través de becas doctorales de su propio país o españolas o contratos de trabajo) y viviendo fuera del hogar familiar. De la misma forma que los resultados obte- nidos por (Kennedy; 2010) en las entrevistas realizadas a jóvenes comunitarios y posgraduados residentes en Manchester, las personas entrevistadas en nuestra investigación, especialmente las mujeres, muestran emociones positivas por haberse “redescubierto”, “crecido como personas”, “desarrollar su propia identidad” y “sentirse felices” en la transición hacia

una nueva etapa de sus vidas.

 

Vivo en una etapa diferente. Allí vivía con mis padres y no tenía que hacer nada. No cocinaba, no iba al gimnasio porque pensaba que hasta los 25 años no tenía que hacer deporte. Casi no salía. Trabajaba y estudiaba y no tenía mucho tiempo libre… Vivo separada de mis padres y he aprendido mucho de cocina, de hacer cosas. Sí, estoy más contenta con la vida. Yo gano y no dependo de nadie (Iryna,25 años, Ucrania).

 

Ahora me siento mucho más independiente porque yo con 27 años todavía vivía con mis padres. Terminé la licenciatura en 2005 y tuve un trabajo por dos años pero no me daba suficiente para el alquiler. Trabajaba en un instituto de investigación y tenía un salario más o menos medio. Esto fue unas de las cosas que me empujaron a estudiar fuera. Es que tener trabajo y no poder independizarte es un poco triste… Y con 27 años empecé a vivir cosas y aprender cosas, tales como se pone una lavadora. Me siento muy bien en este sentido (Ivana, 32 años, Serbia).

 

Desde que llegué, emancipación total…Estoy sola. Me encanta. Tengo mis cosas, tengo mi tiempo…La experiencia de estar aquí, porque el extranjero da una autonomía… No, no me veo en Brasil tan pronto. Esta sensación de la autonomía, de vivir lejos…estoy desarrollando… estoy creando mi propia identidad. Te alejas de la familia. Es otro idioma, rompes con el tuyo (Maribel, 31 años, Brasil).

 

Un sentimiento de libertad acompaña el proceso de emancipación del hogar familiar y, en algunos casos también, el distanciamiento de la sociedad de origen. Haber crecido y vivido en una ciudad pequeña o percibir la sociedad de origen como más cerrada se contrapone a las experiencias de vivir en una ciudad más grande con una sociedad más diversa desde el punto de vista cultural, “más relajada” y “más informal”.

 

Sí, me siento más libre aquí, porque mi ciudad, mi sociedad es mucho más cerrada. Allí saben qué estás haciendo, qué estás pensando, siempre tienen que tener control de tu vida y aquí me siento como que no le importo a nadie. Puedo hacer lo que yo quiero y nadie me va a juzgar. Nunca fui de juzgar a la gente, pero ahora veo que acepto más las diferencias. Antes pensaba que lo que decía yo era lo correcto y era así, pero ahora veo que hay otras cosas, otras opiniones que también están bien y no tienen por qué ser malas. Barcelona me abrió otros puntos de vista que antes no tenía. En mi ciudad todos son de la misma nacio-nalidad, de la misma cultura. No hay mucha diversidad y aquí hay mucha diver- sidad, muchas culturas (Nina, 29 años, Eslovenia).

 

Me siento más libre aquí. Se puede ver de todo en Barcelona, la gente es muy informal, nadie te critica, estás más relajada, más libre, puedes hacer lo que quieras, decir lo que quieras, vestirte, participar en lo que quieres… Barcelona creo que es dentro de Europa donde te sientes más libre (Iryna, 25 años, Ucrania).

 

Mi ciudad es pequeña y allí todo el mundo se conoce. Te cohíbes en hacer muchas cosas. Aquí nadie te conoce. Aquí cambias el chip. Es mi vida y nadie tiene porqué opinar ni decir nada. Y el hecho de no estar con los papás de alguna manera te hace más libre y más responsable. Me he vuelto mucho más responsable que estando allá… que si comprar, que si la comida… allá no, allá abría la nevera y siempre había comida. Libre y más responsable (Daniela, 34 años, Colombia).

 

Nuevamente, en las narraciones de las mujeres entrevistadas se exterioriza mucho más el lazo afectivo que las une a sus progenitores. La presencia de los padres se manifiesta no sólo en la ayuda económica, que se da en el caso de dos entrevistadas, sino también en el papel que desempeñan a la hora de animar y apoyar las decisiones de sus hijas. Sin embargo, y pesar de la satisfacción de vivir y estudiar en el extranjero, una de ellas, Daniela, expresa también las dificultades con las que se encontró al emanciparse debido al fuerte vínculo familiar:

 

Aquí en Barcelona me ha tocado hacer una adaptación bastante fuerte, porque, con 30 años, todavía no me había emancipado, todavía vivía con mis padres. Era lo más cómodo. Éramos una familia grande y como que siempre están los pollitos de su gallinita. A 12.000 km de distancia ya es un poco complicado. Tenía mucho apego familiar (Daniela, 34 años, Colombia).

 

Para las entrevistadas procedentes de Europa, la emancipación es menos traumática, debido a las facilidades del transporte aéreo en el continente. La posibilidad de visitar a la familia, a un costo económico reducido, o al menos asumible, es un aspecto fundamental para sentirse a gusto en Barcelona, especialmente durante los primeros meses de estancia en el extranjero.

 

Al principio [regresaba] cada mes y medio. Iba al menos un fin de semana o del jueves al domingo, pero desde el año pasado voy cada tres meses. Voy entre tres o cuatro veces al año (…). Está bien conectado y por eso puedo ir tan a menudo (Nina, 29 años, Eslovenia).

 

La frecuencia en los viajes no es tan normal en el colectivo latinoamericano, en parte por la distancia; sin embargo, el contacto es frecuente con familiares y amigos que viajan a visitarlos y gracias a las nuevas tecnologías y redes sociales. Buena parte de los latinoamericanos, quizá porque se imaginan trabajando en una universidad de su país, se muestran más interesados en las noticias políticas y económicas de su país de origen.

Tradicionalmente, para las mujeres, la emancipación del hogar familiar se asociaba al momento de contraer matrimonio. Actualmente dicha emancipación llega de múltiples formas, siendo el caso que nos ocupa, la ampliación de los estudios en el extranjero, una de ellas. Curiosamente, en el caso de nuestros entrevistados, el matrimonio es un momento clave para la consecución de una mayor estabilidad y madurez personal, aunque no de emancipación del hogar familiar, que ya se había realizado previamente, en el caso de dos jóvenes. El primero es un estudiante ecuatoriano que también cuenta con nacionalidad italiana, se casa con su novia antes de emigrar a Barcelona, para que ambos puedan tener las mismas oportunidades laborales. Este hecho burocrático; sin embargo, se vive como una apuesta personal y profesional, de madurez; un momento de ruptura con la vida de soltero. En términos parecidos vive José Luis su experiencia matrimonial. Este entrevistado, que se casó con un chico catalán gracias a la nueva ley de matrimonios homosexuales en España, considera este trámite como decisivo para sentirse a gusto en esta nueva etapa vital.

 

[Un nuevo ciclo] empezó cuando me casé. Me siento más maduro… No si esto va a ser la forma cómo va a ser mi vida de aquí a 15 años. Pero siento que es un nuevo proceso, de mayor estabilidad. Me siento más tranquilo, más estable, más adulto, más a gusto (José Luis, 30 años, Colombia).

 

En resumen, de la experiencia en el extranjero como estudiantes de doctorado, las personas entrevistadas subrayan ante todo el crecimiento y el enriquecimiento personal que sienten a partir de las experiencias cotidianas y las relaciones de amistad forjadas durante su estancia. En efecto, los estudiantes son sujetos complejos atentos a una multiplicidad de intereses más allá de la obtención de conocimientos específicos relacionados con su campo de estudio. Es en la intersección de estas múltiples esferas y posicionalidades donde desarrollan sus vidas (King y Raghuram, 2013).

 

 

3.Barcelona, más allá de la marca turística

 

 

Todos los entrevistados(as) resaltan la atracción de Barcelona y la valoran como una ciudad dinámica, con una gran calidad de vida, y un importante patrimonio cultural y arquitectónico. Barcelona aparece ante la mirada atenta y crítica de los hombres y mujeres jóvenes como una ciudad cosmopolita, multicultural, rica en matices, cómoda, vibrante y segura.

 

Me gusta mucho Barcelona. Es una ciudad que te seduce. Me encanta. Cada vez que salgo a pasear veo calles diferentes, gente diferente, a me gusta mucho (Daniela, 34 años, Colombia).

 

[Es] una ciudad bonita, que lo tiene todo y te da opción para todo, una ciudad organizada, limpia, cuidadosamente diseñada y planificada para atrapar y cautivar el corazón de quienes la visitan, con montañas, playas y paisajes inigualables… una ciudad cosmopolita (Carolina, 30 años, Colombia).

 

Más allá de la imagen turística de Barcelona, estos jóvenes viven la ciudad a través de los barrios donde residen o frecuentan en el tiempo libre; perciben su diversidad cultural, valoran la proximidad de los servicios y los comercios, la comodidad del transporte público, captan la identidad de los barrios (con sus fiestas, mercados, etcétera.) y aprecian sentirse seguros(as) y tranquilos(as) cuando pasean por la ciudad. En efecto, la ciudad de Barcelona es un calidoscopio multicultural que al mismo tiempo conserva el sentimiento de barrio y una fuerte personalidad, que da cohesión cívica al entramado social.

Entre los numerosos discursos que subrayan la visión cosmopolita de la ciudad extraemos la opinión de una italiana, Elena, que resalta su multiculturalidad y las posibilidades de relacionarse con gente de diferentes etnias, culturas y lenguas. La multiculturalidad no se contradice con una cierta vida de barrio y con el anonimato que da vivir en una ciudad grande. Barcelona tendría así el tamaño perfecto que permite ambos sentimientos.

 

Voy a comprar al mercado. Compro el pan en la panadería de siempre. La gente te conoce. Los paquistaníes de mi barrio, como saben que hablo urdu, hablan conmigo, pero si un día me apetece ser completamente desconocida o ir a una parte de la ciudad que no conozco y sentirme como una turista, también lo puedo hacer. No tiene esa parte de pueblo, de ciudad pequeña, agobiante (Elena, 28 años, Italia).

 

Las comparaciones con las ciudades de origen son constantes, afirmando, en la mayoría de los casos, que la calidad de vida es más satisfactoria en Barcelona que en la ciudad de origen. Pero mientras los europeos(as) subrayan, con agrado, cuestiones relacionadas con un cierto estilo de vida, la tranquilidad de vivir en una ciudad “habitable” y los servicios de calidad (exceptuando un joven polaco que la encuentra un poco agobiante, llena de tráfico y con escasos espacios verdes); los latinoamericanos(as) subrayan la comodidad y facilidad de desplazarse en transporte público, en bicicleta o caminando por la ciudad (comparado con la dificultad y el tiempo dedicado a desplazarse de un sitio a otro en ciudades tan extensas como Bogotá, Ciudad de México o Santiago de Chile) y la seguridad percibida en la ciudad (en comparación con la in- seguridad objetiva y subjetiva de sus ciudades de origen).

 

[En Colombia] sientes una tensión constante. Tienes que estar muy pendiente de las cosas: si vas a retirar de un cajero tienes que mirar con cuatro ojos. Es triste pero se convierte en una monotonía. Vives con esta sensación y cuando llegas aquí es como si te libraran de mucha responsabilidad (Edmundo, 30 años, Colombia).

 

Concretamente, en las narraciones de las mujeres, la comodidad y la seguridad que sienten en Barcelona desempeña un papel relevante a la hora de opinar muy satisfactoriamente sobre la ciudad y el desarrollo de su vida cotidiana. Llama la atención que, al igual que en una investigación realizada en Ciudad de México con un grupo de migrantes cualificados españoles (Mendoza y Ortiz-Guitart, 2006), las formas de vestir de las mujeres se modifican según la percepción de seguridad que transmita el espacio; de esta forma, sobre todo las mujeres latinoamericanas comentan reiteradamente que visten más “libremente” en Barcelona que en su lugar de origen, porque “aquí cada uno va a su bola (hace lo que quiere)” (Daniela, 34 años, Colombia). Resumiendo este sentir, Paola nos comenta su experiencia:

 

En Mendoza [Argentina] por cinco cuadras a las 12 de la noche me tomo un taxi, no porque sea temerosa, sino porque… me van a asaltar o me van a hacer pasar un mal rato. Cuando acá salía a la noche, me acuerdo las primeras veces decía “No hay metro. Me tomo un taxi”, y me decían “pero si vivís a diez minuto an- dando”, “pero mirá la hora que es”, “pero que no pasa nada”. Y eso de andar por la calle y que la gente no me dijera cosas… ese tema de poder andar por la calle a la hora que sea, para fue un cambio muy grande (Paola, 34 años, Argentina).

 

Cuando se habla de Barcelona, Cataluña y sus características sociales y culturales surgen, aunque el guión de entrevista no abordaba estas cuestiones directamente, comentarios sobre la lengua y la identidad catalanas. En el momento de llegar a la ciudad, algunos entrevistados(as) se sorprenden que la lengua catalana sea un vehículo de comunicación en todos los ámbitos de la sociedad. Tras la primera sorpresa, este hecho no resulta ser un obstáculo para su integración social; aunque son pocos los que declaran hablarlo normalmente (sólo una entrevista, con un joven colombiano, se desarrolló en catalán), pero la mayoría dice entenderlo después de pasar unos meses en la ciudad y de haber realizado cursos básicos de catalán y atendido clases en esta lengua.

No obstante, se debería matizar que la mayoría de los entrevistados declaran que sus amigos y conocidos pertenecen al mundo de la universidad o proceden de sus países de origen, y que se comunican habitualmente en castellano, inglés o en su lengua materna. Por otro lado, en una de las universidades de estudio, gran parte de las clases de posgrado se realizan en inglés. Dicho con otras palabras, un uso pasivo de la lengua catalana, restringido a poder entenderlo, es suficiente para el desarrollo de sus actividades cotidianas. Una minoría, por el contrario, ven en la lengua catalana una barrera, interpuesta por la población local, que dificulta su integración social. Las dos siguientes narraciones exponen dos opiniones contrapuestas:

 

Con Barcelona me pasó algo muy curioso. Era un completo ignorante de la realidad catalana, al punto de que vine a saber que existía la lengua catalana a tres meses de venir. Llegar aquí fue fascinante, descubrir todo lo relativo a la cultura catalana (José Luis, 30 años, Colombia).

 

Había dos latinoamericanos, y yo en principio no quería relacionarme mucho con ellos, porque no quería el gueto. Al final, no me hice amigos de ellos, pero al menos me hablaba con ellos, porque te hablaban. Con los otros, había una barrera de lenguaje. Hablabas con ellos, y te contestaban en catalán, o hablaban entre ellos en catalán. No hacían ni siquiera el esfuerzo… no cómo llamarlo, un poco de cortesía para hablarte en castellano. Porque cuando vas llegando, no entiendes, puedes entender unas cosas pero se te van otras. Y sólo hablaban catalán… Lo sentí como una barrera. A veces les hablas en castellano y te contestan en catalán. Es una forma de exclusión, cuando no quieren interactuar, siguen hablando en catalán. Yo no lo hablo, lo entiendo. Hablo en cuestiones básicas (Álvaro, 27 años, México).

 

4.Proyecto migratorio futuro: ¿Nueva migración?

 

El proyecto migratorio de los entrevistados(as) está fuertemente influenciado por la situación económica que está viviendo España, en particular, y el sur de Europa, en general. En este contexto de crisis económica (con altas tasas de desempleo juvenil y recortes presupuestarios en educación), no se ven muchas opciones laborales a futuro en la universidad donde se están realizando los estudios de posgrado. En cambio, para muchas personas entrevistadas, no solamente latinoamericanas, América Latina se vislumbra como un buen destino para trabajar en la universidad. “Amigos míos me han comentado que es un momento interesante para entrar en el mundo académico latinoamericano y, particularmente, en Brasil” (Carlos, 29 años, Brasil).

Así pues, teniendo en cuenta la situación la economía española, cabría destacar algunas diferencias de matiz en cuanto a los proyectos migratorios. Encontramos, en primer lugar, un grupo de estudiantes de doctorado que, por el tipo de ayuda que reciben o por el plan de estudios, están condicionados a continuar su carrera profesional fuera de España. Es el caso, por ejemplo, de los entrevistados latinoamericanos entrevistados que son financiados por becas o préstamos de sus lugares de origen (Chile, Ecuador y México) y que deben regresar a su país cuando finalicen sus estudios de doctorado.

 

El futuro inmediato, después de terminar el doctorado, es volver. La beca exige volver y estar el doble de los años que has estado fuera, al menos que continúes con otros estudios posdoctorales. En ese caso el retorno se congela y se van sumando los años que estás fuera (Lucas, 30 años, Chile).

 

Tengo un problema que, con esta beca del Ecuador, después de tres años [en que terminará el doctorado], tengo que volver al Ecuador, al menos que consiga un súper buen trabajo, que me permita quedarme y pagar la beca. Y eso no va a pasar. Por eso, ni nos lo planteamos como opción. Antes de que me dieran la beca, siempre me planteaba como opción no volver al Ecuador, porque, aunque tengamos nuestra familia y amigos, el Ecuador se ha convertido en un país muy difícil para vivir, muy violento, muy inseguro… Ahora ya ni lo pensamos, porque tenemos esa obligación de ir seis años al Ecuador (Pedro, 35 años, Ecuador).

 

Con una perspectiva totalmente diferente, otro grupo se plantea vivir en Barcelona, pensando que las opciones laborales pueden ser mejores a futuro y ampliando dichas oportunidades a otros campos profesionales. Aquí son determinantes los aspectos relacionados con la pareja y la vida en la ciudad. Este grupo valora positivamente la calidad de vida de Barcelona, aspecto con el cual coinciden prácticamente la totalidad de los entrevistados(as), y le da un peso decisivo al hecho de tener pareja catalana. Esta opinión es expresada por Elena, una italiana que se declara enamorada de Barcelona, con novio catalán, y que se plantea pedir una beca posdoctoral de dos años en la India, con el objetivo de tener mayores oportunidades de incorporarse en la universidad en la que está como becaria de investigación. Esta entrevistada desea permanecer en Barcelona y está contenta no sólo con su vida académica, sino con su vida personal y su cotidianidad, pero introduce el matiz de la incertidumbre sobre el futuro; incertidumbre que, por otro lado, ve como algo característico del momento actual. En términos parecidos, se expresa José Luis, aunque en este caso, dentro del continuum permanencia-nueva migración, se decanta más por una nueva migración, quizás a Canadá. La razón de ello se ubica en la mala coyuntura económica del país. “Tres años, por de pronto, aquí. La situación de crisis que está viviendo España hace que sea difícil lo de plantearme quedarnos aquí. Lo estoy hablando con mi pare- ja, la posibilidad de ir a otro lado (José Luis, 30 años, Colombia)”.

De hecho, en cuanto a proyectos de futuro, la opinión de José Luis es la mayoritaria. No se quiere dejar Barcelona, la realidad cotidiana se valora positivamente, y la académica, en su mayoría, también, aunque sobre este último punto no existe tanta unanimidad. La cuestión es que no se ven posibilidades laborales en la universidad catalana y, por tanto, se abren las opciones a otros países, siempre con la idea de permanecer en la academia. En este sentido, el buen momento económico, al menos en tér- minos comparativos, de algunos países latinoamericanos plantea el regreso a los países de origen como una opción laboral atractiva:

 

En estos momentos, me es más fácil conseguir un trabajo bien pagado en el Ecuador que aquí, porque allá no hay competencia. Acaban de cambiar la ley en educación superior. Todos los catedráticos necesitan un doctorado, y no hay mucha gente con doctorado en Ecuador. Si yo regreso con un doctorado, voy a tener, como mínimo, tres o cuatro ofertas laborales. Aquí, no. Veo a compañeros míos, catalanes o españoles… Tengo un compañero de La Rioja, con una tesis brillante, con una educación excelente, y no encuentra trabajo aquí. Está pensando en irse a Inglaterra, Estados Unidos, Chile. Aquí es muy complicado (Pedro, 35 años, Ecuador).

 

A México me gustaría regresar, pero no tengo claro a dónde. Tengo que terminar el doctorado, te digo… A me gustaría quedarme en Barcelona, porque es de las ciudades que más me gustan, pero no veo que tenga ninguna posibilidad de futuro aquí. Y a veces me siento cansada de tener una vida poco real. A veces tengo la sensación de vivir como en una burbuja. Tengo compañeros de generación de universidad que estudian un doctorado, allá en México, que están casados y tienen hijos. Es un prototipo de vida que, para mí, es aburrido, ando buscando otra cosa. Pero a veces digo “es que mi vida no es normal”… a veces me da mucha risa y me gusta, y a veces me choquea bastante… pero qué voy a hacer en el futuro. En Barcelona, no veo en qué voy a trabajar. Donde habitualmente podría tener una oportunidad, en la universidad, dada la situación económica de aquí, lo veo nulo... Y además a nivel profesional, sigo pensando que tendría yo muchas más posibilidades en México (Lulú, 32 años, México).

 

Esta entrevistada, además, introduce un matiz interesante, al indicar que tiene la sensación de tener una “vida poco real”, de vivir como “en

una burbuja”, comparado con el estilo de vida que tienen las amigas de su edad (casadas y con hijos); un modelo de vida, este último, que le parece aburrido, pero que, al mismo tiempo es un referente ineludible. Con relación a lo anterior, la vida de pareja es muy relevante para el colectivo entrevistado. Las personas que se encuentran en pareja, ya sea casadas o no, dan mucha importancia a su relación, hasta el punto que la decisión de una migración futura (o de permanecer en Barcelona) pasa por ser consensuada entre los dos.

Como último patrón, encontramos un grupo minoritario de entrevistados que abordan su proyecto migratorio desde una perspectiva que podríamos calificar de transnacional. Como dice Ivana (32 años, Serbia) “una vez que te vas de casa es más fácil permanecer fuera”. Ven que su futuro personal y profesional no pasa por residir permanentemente en un lugar, al menos durante un cierto tiempo, sino de articular una respuesta profesional que pase por compaginar estancias de investigación más o menos largas en otros países. Es el caso de Daniel que imagina así su futuro (y el de su esposa):

 

Después de terminar la tesis, veremos si salen oportunidades de salir de Barcelona. Me gustaría ir, como mínimo dos o tres años a Estados Unidos, Australia o Canadá para practicar un poco más el inglés que se pierde mucho si no se practica. Si voy como posdoc mi mujer podría ir como visiting researcher. Ella [que está haciendo también un doctorado en la misma universidad que él] podrá defenderla más tarde, no tiene que estar aquí para trabajar [en la tesis] (Daniel, 29 años, Polonia).

 

O el caso de Nina:

 

Luego tengo ganas de hacer un posdoc. Me gustaría ir a Estados Unidos sólo para hacer el posdoc y luego volver aquí. Me encanta mi país pero no veo que pueda tener un futuro en las cosas que me interesan (Nina, 29 años, Eslovenia).

 

 

Conclusiones

 

 

A partir de las propias narraciones de los sujetos investigados, y desde una perspectiva biográfica, en este artículo hemos estudiado las motivaciones para migrar, las transiciones personales en una etapa vital, así como las perspectivas de futuro de un colectivo de migrantes jóvenes que está realizando el doctorado en una universidad catalana y residen en la ciudad de Barcelona. Este colectivo forma parte de lo que recientemente se ha denominado en la literatura migrants on the middle”, referido a aquellos migrantes con niveles de educación formal medios o altos que, por su edad y (falta de) experiencia laboral, se encuentra en posiciones intermedias en el mercado laboral. Los estudios empíricos sobre estos colectivos han sido escasos  véase, por ejemplo, (Conradson y Latham, 2005; Wiles, 2008) o para el caso concreto de estudiantes universitarios, (King y Ranghuram, 2013).

La primera conclusión de nuestra investigación gira en torno a las motivaciones que muestran las personas entrevistadas para residir en la ciudad de Barcelona, que no siempre están asociadas con una decisión clara de realizar un doctorado. En esta misma línea, y especialmente en el caso de los entrevistados latinoamericanos, no nos encontramos con trayectorias académicas “puras”, sino con personas que, en algún momento de su vida se han incorporado al mercado laboral en sus países de origen y han decidido retomar la carrera académica, a partir de momentos cruciales en transiciones hacia la edad adulta, por ejemplo, una ruptura sentimental. Por otro lado, algunos pocos entrevistados experimentan el proceso inverso: toman decisiones vitales en su vida personal, por ejemplo, deciden casarse, ante la eventual emigración a España para realizar estudios de doctorado.

En todo caso, la llegada a Barcelona constituye un punto de ruptura y quiebra que, en algunos casos, coincide con la emancipación familiar. Este patrón se observa más entre los europeos que en general acceden a los estudios de doctorado a edades más tempranas. De esta manera, se da un triple proceso de emancipación familiar, entrada en los estudios de doctorado y adaptación a un nuevo país. Este triple proceso es vivido, particularmente entre las mujeres entrevistadas, con mucha intensidad y con narraciones de corte positivo. Desde esa perspectiva, la ciudad de Barcelona se ofrece como un calidoscopio vital de múltiples aristas que permite una gran variedad de experiencias e intercambios; entre éstos se encuentra la formación de nuevos hogares, dado que la mayoría de los entrevistados(as) encuentra pareja en Barcelona y decide emprender la cohabitación en la ciudad.

Este panorama actual que podríamos calificar de formación personal y académica se oscurece ante las perspectivas de futuro. Sin embargo, a grandes rasgos, se acepta la movilidad profesional y geográfica como característica del mercado laboral universitario actual. Es más, algunos consideran que su vida a futuro ya no va a pasar por residir permanentemente en un solo país, interiorizando la migración dentro de las opciones posibles a futuro, dependiendo de las condiciones laborales que puedan surgir. Además, para algunos latinoamericanos que gozan de apoyos financieros de sus países de origen, la opción de regreso a su país es clara, ya que así está estipulado en sus becas. En otros, es un regreso que quizá no es tan deseado, dada la pérdida de calidad de vida que comporta, desde su punto de vista, vivir en una ciudad latinoamericana. De todas maneras, la mayoría de los entrevistados piensan que su futuro va a estar fuera de España, dadas las condiciones actuales de crisis económica y la falta de recursos de las universidades españolas.

En línea con lo anterior, y comparando los dos colectivos estudiados, los europeos no españoles, al ser más jóvenes, que los latinoamericanos que, en general, acceden a los estudios de doctorado a edades más tardías, experimentan la transición hacia la edad adulta de forma más marcada y ello se ve reflejado en sus narraciones. Entre los europeos, encontramos, en este sentido, trayectorias académicas puras de estudiantes que no se han incorporado en el mercado laboral, perfil que es más difícil de encontrar entre los latinoamericanos. La segunda gran diferencia entre ambos colectivos son los planes de futuro. Por diferentes razones, entre las que resalta, la crisis económica global que afecta especialmente a los países europeos, los latinoamericanos visualizan su futuro y un eventual regreso a su país de origen. En algunos casos, este regreso está condicionado por los propios esquemas de financiamiento de sus países de origen que obligan a regresar a éstos, al acabar sus estudios de posgrado. En cuanto a la integración en la ciudad de Barcelona, no se observan diferencias subrayables entre ambos colectivos.

Finalmente, cabe decir que la totalidad de los entrevistados(as) tiene pareja, cohabite o no con ella, estén o no casados. Para la gran mayoría, es un factor importante a la hora de tomar una decisión a futuro. Son pocos los que no intentan articular una respuesta consensuada con su pareja en cuanto al futuro. Las parejas, en general, se muestran dispuestas a dar el paso de acompañar a su novio(a), esposa(o) en su proyecto per- sonal y migratorio. De alguna forma se observa como en la etapa de transición hacia la vida adulta las motivaciones, decisiones y expectativas se complejizan cada vez más.

 

 

Agradecimientos

 

 

Agradecemos muy sinceramente a las personas entrevistadas el tiempo dedicado a responder nuestras preguntas. Agradecemos, asimismo, los comentarios de los evaluadores.

 

 

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Cristóbal Mendoza. Mexicano-Español. Doctor por la Universidad King’s College de Londres; realizó sus estudios de licenciatura y maestría en geografía en la Universidad Autónoma de Barcelona. Pertenece al Sistema Nacional de Investigadores, nivel II; es profesor investigador titular C del Departamento de Sociología de la Universidad Autónoma Metropolitana unidad Iztapalapa. Sus líneas de investigación actuales son migración calificada, geografía de las migraciones, migración México-Estados Unidos. Entre sus publicaciones destacan, en coautoría: “Exploring methods and techniques for the analysis of senses of place and migration”, Progress in Human Geography, 37 (6), Sage Publications, pp. 762-785 (2013),“Estrategias organizativas y prácticas cívicas binacionales de los clubes de oriundos y federaciones mexicanos en Chicago: una perspectiva transna- cional desde el “lugar”, Migraciones Internacionales, 7 (1), El Colegio de la Frontera Norte, Tijuana, pp. 35-67 (2013). De su autoría: “Explaining urban migration from Mexico City to the us: social networks and territorial attachments”, International Migration, Blackwell Publishing, pp. 69-83 (2014); “Beyond sex tourism: gay tourists and male sex workers in Puerto Vallarta (Western Mexico)”, International Journal of Tourism Research, 15 (2), (Wiley, pp. 122-137, 2013).

 

Anna Ortiz-Guitart. Española. Doctora en geografía por la Universidad Autónoma de Barcelona, donde también realizó sus estudios de maestría y licenciatura. Actualmente es profesora titular del Departamento de Geografía de la Universidad Autónoma de Barcelona. Sus líneas de investigación actuales son geografía y género, migración calificada, geografía de la infancia y juventud, uso y apropiación de espacios públicos. Entre sus publicaciones recientes destacan: “Cuerpo, emociones y lugar: aproximaciones teóricas y metodológicas desde la geografía”, Geographicalia, núm. 62, Universidad de Zaragoza, Zaragoza, pp. 115-131 (2012); en coautoría: “Institutionalisation de la géographie et rapports sociaux de genre: stratégies féminines et masculines dans l’université espagnole”, Belgeo: Revue Belge de Géographie, 1 (2), National Committee of Geography of Belgium-Société Royale Belge de Géographie, pp. 2-12 (2012), “El profesorado universitario de geografía en España y sus trayectorias profesionales: una mirada de género”, Boletín de la Asociación de Geógrafos Españoles, núm. 59, Asociación de Geógrafos Españoles, Madrid, pp. 323-344 (2012); “Los lugares de la amistad y la vida cotidiana de chicas y chicos adolescentes en un barrio de Barcelona”, Revista Latinoamericana de Geografia e Gênero, 3 (2), Universidade Federal do Rio Grande do Sul, Porto Alegre, pp. 116-124 (2012).